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Mafia se dice yakuza en japonés

Posted in Ásia & Oceania by Emilia C. de Paula on 30/03/2011

Japão – El Correo – 30/03/11.

Fueron los primeros. En la mañana del 12 de marzo, pocas horas después del seísmo y del tsunami que barrió Japón, allí estaban ellos. Ni el Ejército ni las ONG. Eran los yakuzas, los miembros de los gangs mafiosos japoneses, un grupo numeroso, varios cientos, desplazados en camiones repletos de mantas, comida liolifizada, linternas y cunas para bebé…

Pero su solidaridad no es para nada casual. Según Jake Adelstein, un periodista americano especializado en la mafia japonesa, las organizaciones yakuzas han puesto sus ojos en la región de Tohoku, pensando ya en los contratos que vendrán con la reconstrucción. «El crimen organizado japonés controla entre el 3% y el 4% del negocio de la construcción. Llegando los primeros, esperan hacerse con una parte importante del negocio. Y, moviendo rápido sus peones, no tendrán que pagar un precio muy alto», apunta.

No es la primera vez. Los yakuzas ya se habían asomado tras el terremoto de Kobe de 1995. La ayuda gubernamental era escasa y mal organizada. Solo el ‘Yamaguchi-gumi’, la principal organización yakuza de Japón con base en Kobe, estaba en condiciones de ofrecer ayuda a los habitantes. Incluso proporcionaron un helicóptero para los rescates. Meses después invertían en empresas dedicadas a la reconstrucción de la región y recogían beneficios. «Reaccionan tan rápido porque no tienen leyes que seguir», subraya Adelstein.

‘Oyabun’ y ‘kobun’

¿Quiénes son? «La Yakuza no existe como un grupo criminal unificado homologable con la Mafia occidental», protesta Carlos Aguilar, autor de ‘Yakuza cinema. Crisantemos y dragones’, obra en la que disecciona las películas sobre la ‘Cosa Nostra’ nipona. Hablemos mejor de clanes, de familias ligadas por una «peculiar estructura paterno-filial donde el ‘Oyabun’ es el padrino y el ‘kobun’, el ahijado», subraya Aguilar.

Se estima que, hoy, unos 86.000 yakuzas operan en Japón, aglutinados en 25 federaciones. Unos 40.000 tienen su campo de acción en Kanto, la comarca de la capital, Tokio.

El nombre ya(8)-ku(9)-za(3) provendría de una combinación perdedora en el juego de naipes ‘Oicho-Kabu’ (una especie de 21 o black jack). Su origen no está claro. Algunos estudiosos suponen que los yakuzas serían herederos de dos corporaciones: los ‘bakuto’ (jugadores profesionales) y los ‘tekiya’ (buhoneros y vendedores ambulantes). Otros buscan sus antecedentes entre los ‘Machi-Yokko’, o defensores de los pueblos, una especie de samuráis desmovilizados tras la Paz de Tokugawa y que encontraron en el hampa el modo de ganarse el sustento. Para el estudioso francés Christian Kessler, los yakuzas habrían nacido de una nebulosa mezcolanza entre gentes del espectáculo, guardias de prisión, estafadores y los ‘eta’, como se llama en Japón a los matarifes, una casta denostada por el sintoísmo, religión que busca preservar la vida ante todo: por eso más que por la polución usan mascarillas los japoneses

Tras la II Guerra Mundial, las filas yakuzas se nutren de soldados del Imperio del Sol Naciente desmovilizados que empiezan a controlar el mercado negro, favorecidos por la purga de los aliados entre las fuerzas de seguridad japonesas. Las propias tropas de ocupación se sirven de los yakuzas para mantener el orden. El Ejército americano ve en ellos «una fuerza reguladora». En 1963, había en Japón, según Kessler, más yakuzas (184.000) que soldados.

El valor del tatuaje

Hoy son muchos menos. El pelo muy corto o cortado a cepillo, trajes oscuros, camisas hawaianas, gafas de espejo, rostros patibularios y un cierto aire en el andar les delatan. En una piscina o en una sauna no pasan desapercibos. Sus tatuajes de geishas, guerreros samuráis, katanas, demonios, dragones, flores de loto y enrevesadas filigranas orientales, envuelven sus cuerpos. «Cuanto más grandes, mejor, y cuanto mayor dolor genere su realización, mayor valor se atribuye al yakuza», dice Carlos Aguilar.

Una verdad como un templo porque los yakuzas emplean aún métodos tradicionales para tatuarse: varillas de bambú acabadas en cuchillas de acero que laceran sus carnes mientras penetra la tinta de colores. Algunos motivos necesitan meses de trabajo. Cada clan posee un tatuaje característico y singular (‘irezumi’), una herencia de los ‘bakuto’, que se tatuaban un aro en el brazo por cada crimen cometido.

Los yakuzas controlan la inmigración clandestina, la prostitución y la trata de blancas (traen a Japón mujeres del Sudeste asiático y de las exrepúblicas soviéticas) y el tráfico de estupefacientes (en especial, anfetaminas). Amañan combates de sumo y de puroresu (lucha profesional japonesa). Sacan tajada de cualquier apuesta (motos, planeadoras…) Cobran a los comerciantes de cada barrio por garantizar su seguridad, herencia moderna del impuesto feudal por la protección. Y todo, casi a plena luz.

Porque, al contrario que la Mafia o las triadas chinas, los yakuzas no forman parte de una organización clandestina. Son visibles.

En Tokio, por ejemplo, cada clan tiene su zona de influencia en los barrios rojos: ‘Inagawa-kai’ en Roppongi, ‘Sumiyoshi-kai’ en Akasana. Gestionan bares, karaokes, ‘love hotels’, salones de masajes, ‘strip shows’ y locales de prostitución llamados ‘soaplands’ (burdeles donde los hombres se bañan y pueden bañar a las prostituidas).

Las fronteras están claras: no hay guerras de clanes. En Kansai (que comprende las ciudades de Osaka, Kobe y Kioto) reina el topopoderoso ‘Yamaguchi-gumi’. Y no se esconden. Cada clan tiene abiertas oficinas y negocios en los distritos comerciales… y usan esa trama legal para extorsionar a las grandes empresas. Un 41% de los jefes de las corporaciones japonesas afirman haber sido víctimas de chantaje por los yakuzas.

El ‘Yamaguchi-gumi’ de Osaka ha transformado parte de su organización en la Liga Nacional para la Depuración de Tierras. El clan ‘Inagawwa-kai’ es ahora Industrias Inagawa y el ‘Sumiyoshi-gumi’ es la empresa Hor.

Además (algo que solo se entiende en la mentalidad japonesa), son vendedores de armonía, de ‘wa’. Sí. Adquieren una cierta cantidad de acciones de una compañía que les permite acudir a las asambleas generales de accionistas. Su sola presencia garantiza la ‘concordia’. Según Christian Kessler, en 1989, la banca Fuji, tercer banco japonés, fue denunciado por emplear ese sistema con sus accionistas. Fuji destinó 200 millones de yenes (1,72 millones de euros) a pagar a los yakuzas, dinero dirigido oficialmente a «financiar cementerios privados».

Los yakuzas son también los dueños de casinos y de muchas de las 18.000 salas de juego donde los japoneses pasan las horas dándole al pachinko: bolitas de acero que recorren una máquina vertical de petacos entre un ruido ensordecedor. Los gangs de los yakuzas tienen también controlados a determinados intermediarios inmobiliarios (los ‘jiageya’) que se encargan de expulsar a inquilinos con rentas bajas, muy amparados por las leyes niponas, o que interfieran en planes de recalificación urbanística.

Disponível em:

http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20110330/sociedad/mafia-dice-yakuza-japones-20110330.html

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