Clipping de Relações Internacionais

Cooperante, una profesión de riesgo

Posted in Regiões, Social & Questões Culturais by Emilia C. de Paula on 29/08/2010

Barcelona – El Correo – 29/08/10.

Ser cooperante internacional se ha convertido en una profesión de riesgo. La Unión Europea alerta de que las personas que han perdido la vida prestando asistencia humanitaria se ha multiplicado por siete en una década al pasar de 30 en 1999 a 200 el pasado año, mientras que secuestros como el de los voluntarios catalanes Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez -zanjado esta semana con la liberación de los dos primeros- han aumentado de 20 a 92 casos en ese mismo periodo. Cuatro miembros de sendas ONG explican a EL CORREO cómo extreman las precauciones en su día a día para evitar ser víctimas de acciones de ese tipo.

Gonzalo Atxaerandio, un vitoriano de 34 años, trabaja desde hace cinco meses en Filipinas como coordinador de emergencias de Save the Children en Asia. Atiende a niños desplazados por la violencia en el conflicto de la región de Mindanao, que enfrenta al Gobierno y a los guerrilleros separatistas del Frente Moro Islámico de Liberación (MILF). En su trabajo debe cumplir estrictos protocolos de seguridad, que incluyen un riguroso toque de queda autoimpuesto por la organización, que le impide salir a la calle a partir de las nueve de la noche. Durante el día, sus movimientos deben ir siempre acompañados de personal local, que garantiza su protección.

«Por suerte», este licenciado en Antropología en la Universidad de Deusto no ha sido víctima de ningún robo ni intento de secuestro, pero muy cerca de su oficina sí que vio cómo «un hombre aparecía asesinado sin que nadie supiera el motivo». Tiene muy claro cuál ha sido, por el momento, la experiencia más dura que le ha tocado vivir: «ver a niños con problemas serios de malnutrición. Esa imagen la tendré para siempre grabada».

Si decidió ponerse la mochila al hombro y viajar hasta la lejana Filipinas para participar en una misión que le tendrá alejado de los suyos durante tres años es porque se siente con «la obligación moral de ayudar a personas necesitadas, que no han tenido la suerte de disponer de los recursos que tenemos en los países desarrollados».

Desde Acción Contra el Hambre, el barcelonés Juan Tarrés, de 39 años, que ha trabajado en Níger, Etiopía y Malawi como responsable logístico, asegura que su ONG ha podido comprobar el aumento de la inseguridad para los cooperantes. «En los últimos años se ha reducido el espacio humanitario. Si antes la figura del cooperante era respetada, ahora se ha convertido en objetivo deliberado de ataques por parte de grupos armados, que entienden que un secuestro puede ser un buen negocio», señala.

Asesinatos a sangre fría

Este nuevo escenario ha planteado cambios estratégicos en la asociación. «La seguridad marca nuestra agenda y determina si decidimos o no llevar a cabo proyectos en determinadas zonas. Antes podíamos intervenir en cualquier lugar. Ahora nos lo pensamos mucho más, y estudiamos muy bien los indicadores de inseguridad de cada país». La organización tuvo que lamentar la pérdida de 17 trabajadores humanitarios en Sri Lanka en 2006. «Un grupo rebelde entró en nuestra sede y los asesinó a sangre fría. Fue un ataque plenamente premeditado».

Tarrés asegura que los altos riesgos de su trabajo en países azotados por la presencia del ala magrebí de Al-Qaida, responsable del secuestro de los tres cooperantes catalanes de Barcelona Acció Solidaria, tiene una valiosa compensación: «Comprobar cómo niños que llegan a nuestros centros completamente desnutridos vuelven a andar y corretear tras unas semanas de tratamiento. Una experiencia así no tiene precio. Te ayuda a comprender que tu trabajo, por muy duro que sea, está lleno de sentido», asegura el cooperante.

Desde Nairobi (Kenia) Albert Viñas, nacido en Sabadell hace 39 años y coordinador de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras en el país africano, relata por correo electrónico que la organización mantiene un fluido diálogo con las comunidades a las que ofrece asistencia sanitaria. «Siempre establecemos contactos con todos los actores presentes en el terreno para explicarles nuestra acción médica y humanitaria, y asegurarnos de que somos bien percibidos y aceptados. Dejamos bien claro que somos una organización médica imparcial, neutral, y que no nos metemos en política. Eso garantiza nuestra seguridad».

Susana Castaño, madrileña de 31 años y técnico de financiación de Intermón Oxfam en Abeché (Chad), ciudad cercana a la frontera con Sudán, lamenta una desagradable experiencia: un grupo de bandidos atacó la base de operaciones de la organización y secuestró a una compañera suya, que afortunadamente fue liberada a las pocas horas. «Yo no estaba en ese momento en la oficina, pero eso ha sido lo más duro que me ha tocado vivir en el terreno», recuerda.

50 euros en metálico

Esta licenciada en Ciencias Políticas, que siempre viaja con «un sobre de seguridad» con unos 50 euros en metálico para entregar en caso de atraco, asegura que, a pesar de todo, no tiene miedo. «La única vez que me han robado ha sido en Barcelona. Es cuestión de tomar las precauciones pertinentes para minimizar riesgos. En la ciudad, por ejemplo, los cooperantes nos movemos con un Smart rosa, que resulta mucho menos atractivo para posibles atacantes que un Land Cruiser».

En Intermón Oxfam la multiplicidad de peligros en zonas conflictivas está empujando a elaborar estrategias creativas de cooperación, según señala la responsable de la Unidad Humanitaria, Elena Sgorbati. «En aquellos países en los que el espacio humanitario se está volviendo extremadamente difícil, como Somalia, estamos valorando mecanismos como la gestión remota, que implica trabajar en la zona sin mantener una base fija de operaciones».

Sgorbati aplaude que la UE se haya comprometido a presentar un proyecto ante las Naciones Unidas para mejorar la seguridad de los cooperantes. «El deber de los organismos internacionales es dialogar con los gobiernos de países en conflicto para que éstos garanticen el espacio humanitario», apunta. El director de Médicos Sin Fronteras en España, Aitor Zabalgogeazkoa, quien también celebra la iniciativa, espera que esta respete «la imparcialidad e independencia de los trabajadores» y consiga que «los actores armados suscriban el derecho humanitario internacional».

Disponível em:

http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100829/pvasco-espana/cooperante-profesion-riesgo-20100829.html

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