Clipping de Relações Internacionais

Una muerte anunciada

Posted in Américas, Política & Política Externa by Emilia C. de Paula on 07/02/2010

Estados Unidos – El Correo – 07/02/10.

Fue una muerte anunciada y ahora es oficial. Al presidente Barack Obama no le interesan las cumbres sin contenido ni hablar por hablar. Su decisión para no acudir a la cumbre EE UU-UE en Madrid el próximo mes de mayo fue tan previsible como decepcionante. Previsible porque Obama casi no acudió a la última cumbre EE UU-UE hace unos meses en Washington. Sí recibió la delegación europea del primer ministro Fredrik Reinfeld (el presidente de turno sueco), José Manuel Barroso y Javier Solana y se quedó justo el tiempo necesario -menos de una hora- para demostrar sus buenos modales. Pero el anfitrión del almuerzo era el vicepresidente Biden. El presidente tenía cosas más importantes que hacer. Y si Obama no tenía tiempo para hablar y comer con los tres representantes de la UE cuando estaba en Washington, siempre resultó dudoso que viajase a Madrid para los mismos fines.

Las expresiones de sorpresa ante la espantada de Obama resultan decepcionantes porque revelan que Europa todavía no ha comprendido del todo lo que representa el presidente de EE UU. A lo mejor muchos europeos le adoran pero no todos le entienden, a pesar de sus repetidos intentos de transmitir un mensaje claro, incluso antes de su elección. Hace dieciocho meses, en julio 2008, Obama pronunció un esperado discurso en Berlín sobre su política exterior. Aprovechó la ocasión para explicar que su visión era muy distinta a la del entonces presidente Bush. También dijo que deseaba crear una relación nueva entre EE UU y sus muchos aliados en el mundo. Pero les advirtió de que EE UU no podía cumplir la tarea en solitario. Subrayó la necesidad de trabajar junto a Europa y otros países que deberían estar dispuestos a aceptar una parte de la responsabilidad global: «En este nuevo siglo, se exige que tanto los estadounidenses como los europeos hagan más, y no menos. Ahora es el momento de unirnos, por una cooperación constante, por instituciones fuertes, con un sacrificio y un compromiso compartidos para el progreso, indispensables para encarar los desafíos de siglo XXI». Por desgracia, demasiado europeos aplaudieron la primera parte sobre Bush pero no escucharon la segunda.

Los muy críticos se preguntan ¿hasta qué punto es eficaz Europa como socio de EE UU en asuntos globales? Se suponía que el Tratado de Lisboa iba hacer mas eficaz y más ágil la maquinaria de la UE con un nuevo presidente y una nueva ministra de Asuntos Exteriores. Por el contrario, parece que simplemente han añadido más protagonistas a un elenco ya bastante nutrido con representantes de la Comisión y la presidencia de turno.

Y cuando Obama pide ayuda para medidas concretas ¿dónde está Europa? En un discurso valiente en El Cairo el año pasado, Obama abogó por un nuevo entendimiento con el mundo musulmán, algo esencial si queremos solucionar importantes cuestiones vinculadas con la seguridad y el terrorismo. Europa puede reforzar esa estrategia -como el propio presidente ha dejado muy claro- y acelerar la inclusión de Turquía en la UE. Pero en París y Berlín las conversaciones sobre el ingreso de Turquía son precisamente eso: conversaciones y poco más. En cuanto a Afganistán, EE UU está desplegando 13.000 hombres más en un intento contener la insurgencia talibán. En cambio la reacción de los aliados europeos ha sido el envío de unos centenares de soldados, algunos con instrucciones de no patrullar de noche. El mensaje captado por la Administración demócrata es que Afganistán no es una alta prioridad para Europa.

Mientras, Obama tiene sus propias prioridades en Washington, tanto en el ámbito doméstico como en el internacional. Primero, es evidente que el presidente está en serios apuros con su agenda de trabajo y va a tener que centrar más sus esfuerzos en el Capitolio. La pérdida del escaño senatorial de Massachusetts supuso, además de una paliza para el Partido Demócrata, la pérdida de su mayoría blindada en la Cámara alta. Lógicamente los efectos sobre la presidencia de Obama pueden ser fatales. Si el Congreso no aprueba las propuestas de Obama, su mandato llegará a convertirse rápidamente en una presidencia de pato cojo (‘lame duck’) igual que le pasó al presidente Bush. Massachusetts dejará una huella imborrable en el equipo de Obama y va a influir de forma directa en lo que queda de su primer mandato. No cabe duda de que se va a dar preferencia a los temas que más importan al pueblo americano, con un giro más populista. La relación transatlántica no es algo que preocupe demasiado al ciudadano de EE UU, y si lo hiciera dudo de que fuera una causa popular.

Por si fuera poco, Obama ya tiene otras prioridades en su agenda de política exterior como la relación con China y el sur de Asia. Lentamente, pero con la fuerza de placas tectónicas, los países de litoral del Pacífico se están integrando cada vez más. En otoño, durante su gira por la región, Obama asistió a la reunión anual de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático consciente de que la necesidad de desarrollar los intereses comerciales de EE UU es cada vez más apremiante. Para la Administración Obama las relaciones transatlánticas seguirán siendo importantes pero en el siglo XXI las transpacíficas también lo son. En confianza, no es de sorprender que Obama no tenga tiempo para cumbres sin contenido.

Disponível em:

http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100207/mundo/muerte-anunciada-20100207.html

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