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Opinión – Algunas coincidencias en los gobiernos progresistas de América del Sur

Posted in Américas, Regiões, Sistemas Políticos by Rodrigo Felismino on 02/04/2009

Uruguai – La República – 23/05/2007

En nota anterior analizamos la necesidad de la integración latinoamericana para mejorar el poder de negociación con respecto al mundo desarrollado y para construir procesos de desarrollo que faciliten soluciones frente a los graves problemas del empleo y la pobreza que caracterizan a la región. Mayor poder de negociación significa diversas formas de cooperación política y de acciones unitarias, lo que requiere propuestas comunes. Significa también avanzar en conciencia regional, en valores comunes, en comprensión de la necesaria unidad latinoamericana. Ello ayudará a construir elementos de solidaridad ¬no solamente atendiendo intereses económicos de cada país, que siempre estarán presentes¬ que permitan cumplir con los sueños de los héroes de la independencia.

El mapa político de América del Sur muestra la presencia en el poder de siete gobiernos progresistas: Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Todos ellos fueron electos en procesos democráticos, con elecciones limpias y transparentes. En el caso de Chile, el gobierno de la Concertación ha ganado las cuatro elecciones desde la apertura democrática en 1990. En Venezuela, Hugo Chávez obtuvo el triunfo en todas las elecciones a las que se ha presentado, desde su primera victoria en 1999. En Brasil, Lula da Silva ha sido reelecto. En Ecuador, Rafael Correa ganó las elecciones presidenciales y obtuvo un amplio triunfo en la decisión para nombrar una Asamblea Constituyente. En Argentina el gobierno de Kirchner va por la reelección. En Uruguay y Bolivia triunfaron claramente Tabaré Vázquez y Evo Morales, respectivamente.

Seguramente las causas que permitieron el acceso al gobierno de estas fuerzas progresistas tienen la especificidad de cada país. Pero hay algunas características generales que seguramente no son ajenas a esta nueva situación:

¬ los notables progresos de la democracia electoral en la región, minimizando los fraudes, avanzando en una mayor participación ciudadana, con elecciones más limpias y más libres;

¬ el mediocre desempeño económico en los últimos 25 años y los fracasos de las reformas neoliberales;

¬ la profundización de los problemas sociales por la elevada proporción de la población que vive en condiciones de pobreza y por la expansión de los problemas del empleo (desempleo abierto, subempleo e informalidad) en los países de la región;

¬ esta situación económico social lleva a la desesperanza y a la frustración sobre la democracia; el informe del PNUD muestra que el 48% de los latinoamericanos prefería el desarrollo económico a la democracia. Ello también puede haber motivado el voto hacia nuevos gobiernos progresistas;

¬ en algunos países ¬como Chile, Argentina, Uruguay y Brasil¬ los partidos políticos se mantuvieron fuertes pese a las crisis económicas. En cambio en Bolivia, Ecuador y Venezuela surgieron nuevos líderes a partir de profundas crisis de los partidos políticos tradicionales.

Los siete gobiernos progresistas de América del Sur muestran algunos elementos comunes:

¬ todos plantean críticas muy duras al neoliberalismo, especialmente hacia los procesos de privatizaciones que se dieron en la década del 90;

¬ todos se manifiestan a favor de la integración económica y social de la región. Importa destacar los gestos de solidaridad del gobierno de Venezuela, aprovechando los altos niveles de excedentes financieros provenientes de las subas en los precios internacionales del petróleo;

¬ todos apuestan hacia mejoras sociales, hacia diversas formas de equidad, manteniendo los principios básicos de la democracia política para avanzar hacia nuevas formas de democracia económica y social.

Diversos analistas critican a algunos de estos gobiernos por no atender adecuadamente los principios de la democracia, sobre todo desde la derecha política, ya que esperaban caos financiero, procesos de especulación y de elevada inflación que, en general, no ocurrieron. Por lo tanto, centran sus ataques en las características de sus procesos democráticos. Esto no ocurre en algunos países como Uruguay, Brasil y Chile, donde se dieron los máximos esfuerzos por garantizar la democracia electoral, las libertades básicas y el Estado de Derecho. Sucede que en América Latina se produjeron enormes avances en la democracia electoral pero se mantienen viejos problemas en la calidad de la democracia, fruto de las grandes desigualdades sociales. En algunos países se necesita extender la democracia política a ciertas regiones y/o sectores sociales; en otros países existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, porque la ley no llega a todos por igual. En muchos países se mantienen discriminaciones contra mujeres, pobres y ciertas etnias. También hay ciudadanos que carecen de protección contra la violencia policial y privada y no logran el acceso igualitario y respetuoso a instituciones estatales, incluso a la Justicia. En ciertas regiones deciden poderes fácticos, donde el Estado nacional no llegó o no tiene suficiente poder de decisión en el plano local.

Ciertos países presentan una fuerte cultura autoritaria en lo político, en lo social, en lo familiar y cotidiano. En algunos de ellos la sociedad civil no se siente parte, ni con derechos ni obligaciones con la democracia y carece de cultura democrática. La calidad de la democracia se ve afectada cuando no se atienden los derechos civiles de los ciudadanos porque hay violaciones a los derechos humanos, cuando no se garantiza el derecho a la vida, cuando se afectan los derechos sociales por la pobreza, las desigualdades, el analfabetismo, la mortalidad infantil o los resistentes problemas de empleo.

Estos son problemas de viejas etapas históricas en la región que necesitan avances en distintos planos y que requieren procesos de largo plazo para mejorar sustantivamente la calidad de la democracia. Seguramente no es comparable la cultura democrática de la sociedad uruguaya con la de Venezuela o Bolivia. Son historias completamente distintas. Valdría la pregunta: ¿Qué significa la democracia para los pobres? También nos podríamos preguntar: ¿Cuánta pobreza resiste la libertad?

Si miramos el proceso uruguayo, concretamente, estamos satisfechos con nuestra democracia política e inclusive con la calidad de nuestra democracia. Lo relevante es pasar de la democracia política a la democracia económica y social.

Uruguay tiene profundas relaciones con los gobiernos progresistas. El gobierno uruguayo tiene muy buen relacionamiento con Chile y ha mejorado su relación con Brasil después de la última visita de Lula a Uruguay. Tiene mucha gratitud hacia los apoyos económico financieros de Venezuela, lo cual no significa compartir muchas declaraciones del presidente Hugo Chávez. Actualmente estamos frente a un conflicto con Argentina y habrá que intensificar las relaciones con Bolivia y Ecuador. Lo que sí es relevante, es la participación de todos los países de América del Sur en las negociaciones conjuntas y en la construcción del futuro. Pero sin duda hay diferencias de estilo entre los distintos gobiernos progresistas de América del Sur que analizaremos en nota próxima.

Alberto Couriel

Disponível em: http://www.mre.gov.br/portugues/noticiario/internacional/selecao_detalhe3.asp?ID_RESENHA=340330. Acesso em 25/5/2007.

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